Cae el telón

Acto 1 - En casa - 
La media que perdió a su par. La gomita de pelo que se rompe en la tercera vuelta de la colita. Maquillarse los labios antes de lavarse los dientes. Buscar la toalla a tientas mientras se tiene la cara llena de agua y jabón. La manga que se queda en el picaporte. 


Acto 2 - En la calle -
La baldosa floja. El colectivo que se va. El colectivo que llega lleno. El colectivo vacío que no para atrás del colectivo anterior. El asiento ocupado. La señora mayor que se para al lado del asiento. El frenazo con insulto incluido. Subrayar una página en movimiento. El perro que ladra desde el jardín delantero de la casa. De nuevo la baldosa floja. 


Acto 3 - En el trabajo -
La huella digital que frena el molinete. El ascensor lleno. La computadora con el aviso de reinicio por actualización de software.


- No acto 1 -
Esa seguidilla puede darse en cualquiera de mis días, de lunes a viernes, hasta las 10 am. Puede darse y se da. Porque son muchas más las ocasiones donde todos estos ingredientes aparecen que cuando brillan por su ausencia. Calla la banda, apagan las luces, se olvida el guión y cae el telón. Realidad e imperfección. Los pies en tierra. 

La vida me enseña que los estándares son solo eso, estándares. Una silueta, un margen en el cual entrar y que se aleja varios kilómetros de la vulgar pero veraz cotidianidad. Es al abrazar mi verdadera forma cuando logro conectar con el tipo de persona que realmente soy. Puedo asegurar que todo lo que se ve de mí es también lo que hay en lo profundo. Hacer chistes sin gracia, conocer datos "randoms", la constante atención en controlar el frizz capilar y también otras cosas como el amor hacia las personas cercanas, la pasión por las palabras, vivir enseñando lo que aprendo y mi fe.

Mi fe, tanto con sus preguntas complicadas y su repercusión de estigma social, como con sus canciones hermosas y palabras que hablan vida.

No soy ni seré un estándar de ningún tipo por el simple hecho de que soy una creación única que no se puede adentrar en un contenedor común. Vos, del otro lado de la pantalla, también sos diferente. Tu propio diferencial te da mucho valor, lo aprendí de un amigo publicista. Aceptarte y amarte te dará el suficiente valor para mostrarte vulnerable frente a los demás y así, desenfocar el objetivo del estándar que te rodea. 

Si sentis que no podés, avisale al que puede con todo. Algunos le dicen "Papá".

A mí me funciona, aún cuando arranco el día con las medias iguales.


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