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Envío de mariposas

En varios momentos significativos de mi vida aparecieron mariposas. Tengo esos recuerdos coleccionados en la mente como si fueran figuritas de un álbum como los que llenaba cuando estaba en primaria. No les puedo contar esos momentos pero quiero dejar aquí mi último encuentro con ellas.  Sucedió anoche, pero esta vez no se presentaron en un jardín como de costumbre, sino que vinieron a mí en sueños. Ayer soñé que estaba acá en el departamento, era de noche y mirábamos la tele con mamá. Aparté la mirada hacia un lado y me asusté porque vi un insecto largo y " patudo " en la pared. pensé que era una polilla grande. Cuando acerqué el dedo para espantarlo, abrió unas alas de color azul intenso similar a un acrílico. Sus alas tenían una textura ligera que me recordaba al aspecto del papel maché. Era una mariposa. Me incorporé para ir a buscar el móvil y sacarle fotos a este extraño ser, pero al llegar a la puerta de la cocina descubrí que había más. Conforme me detenía a observarl...

Mas o menos bien

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Ese día, dos personas completamente desconocidas hicieron lo mismo. El primero, artista, trata de encontrar el gozo mientras su corazón transita un periodo de deshielo. El segundo, analista, se amolda de a poco a su nuevo barrio de adoquines.  Ambos son extraños. Ninguno sabe bien cómo es el otro. Quizás conozcan sus nombres por oírme hablar pero nada más. A un año de distancia, intentan encontrar su camino en este laberinto que es la vida. Por supuesto que se perderán. De seguro volverán a transitar sendas no resueltas. Pero seguirán avanzando y, en algún momento, serán aquello que siempre supieron que serían. La cuestión de este corto texto es simple: Un día cualquiera, dentro de la infinidad de días, ellos se despertaron e iniciaron su rutina.  En una rutina cualquiera, dentro de la infinidad de rutinas, ellos escucharon música en Spotify. Una canción cualquiera, dentro de la infinidad de canciones, captó su atención. Una conexión neuronal cualquiera,...

La figura

Cuando las puertas se abrieron y la goma chirrió, el viento golpeó mi rostro como si jugara a la mancha. Bajé el escalón rápidamente sobre la esquina de Bermúdez y Jonte. Emponchada, como de costumbre, comencé la búsqueda. Pensé que lo encontraría fácilmente pero no fue así. Un vistazo rápido a los alrededores pero nada, ni un mínimo rastro. Paré dos segundos que bastaron para diagramar en mi mente el camino más probable de entre todos los existentes. Listo, tenía la certeza de que por allí sería, así que arranqué a caminar por Jonte hacia el oeste. Mirada al celu. Los mensajes enviados habían salido pero no llegado. Era el momento de concentrarse, de callar los pensamientos que hablan mucho para dedicarme solo a observar. Iba dando pasos llenos de tranquilidad, uno tras otro. Aún no lo había visto pero tenía paz porque sabía que vendría. Una calle más. Apreciar el rosa anaranjado del cielo. Otra calle más. Esquivar al niño en bicicleta. Otra calle más. Ahí lo vi. Se acercaba...

Panic!

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Me subí al tobogán de acontecimientos entrelazados. Luego el asombro de llegar, sin saberlo, a ese lugar donde las casualidades se cruzan. Finalmente detecté el regalo que vino de lo eterno para alegrar una vida sentada a mi lado. Un corazón despertó tarareando una letra que después fue escuchada en el celular para terminar en un breve concierto en vivo mientras se vuela por debajo de la tierra porteña. Esta vez el hilo de señales no fue para mí. Esta vez tuve que aprender a mirar en tercera persona la alegría ajena y entendí algunas cosas: Primero que el gozo se contagia. No pude evitar sonreír y sentirme feliz con esa alegría que no era mía. Fuerte como una luz que se prende fue. Escuché el concierto subterráneo como si estuviesen los de Coldplay enfrente mío. Segundo que el poder de esos momentos está en no esperarlos. Ni tan siquiera planeándolo se hubiese dado de tan buena manera. Me aferraré a esta metáfora para hacerla realidad en mi vida. Y tercero, que todas las ...

Explosiones

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Una explosión sin sentido. Sólo por un recorte de realidad en movimiento, por un detalle que pasaría completamente desapercibido para quien se encuentre fuera del punto de impacto. No puedo confiar en esa onda expansiva, porque no tiene en cuenta ningún tipo de lógica. No registra las ideas por detrás de la imagen. Por ejemplo, que el causante de la bomba camine apresurado delante de mí y nunca a la par. El sentido común y la letra tapan la explosión hasta nuevo aviso. Crecer es entender que, como humanos, somos complejos. Perseguiré la explosión cuando mis anhelos se queden sin respuestas. Realmente no logro llegar a entender cómo podrá alguna vez la razón darse por vencida y ceder fácilmente ante lo sensorial, ante lo que explota de golpe.

Vale de Valentín

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La botella de jugo de manzana en sobre le daba el toque a la escena. Bebía un sorbo cada tanto, cuando se cansaba de mirar fijamente al cuarto de luna creciente más grande que hubiese visto. Brillaba tanto esa luna que hasta podía distinguir las manchas negras de la superficie. Bajo esa lámpara en el cielo fue que decidió acostarse sobre el suelo de su terraza. La campera de pana abrochada hasta el cuello convivía con sus pies descalzos en ese momento tan fuera de tiempo y lugar. Desde que se mudó al piso siete se siente más en las nubes que en suelo. La bajada diaria en el ascensor se convirtió en una bajada a la realidad insuperable de filas y paradigmas, de semáforos y semiosis. Pero hay momentos donde el mismo cielo parecía distanciarse y ante esto ella no se podía despegar del suelo, como hoy. Trató de contar las estrellas y no pudo. Eso le agradó porque  significaba abundancia. Era una señal de saber que no todo es medible o comprensible. Era una señal para aceptar que...