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Vaciar y desvaciar

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Cambiaron los vientos, cambiaron los tiempos, cambió la normalidad y, por efecto o defecto, yo también cambié. Esta es la historia de un corazón remodelado en cuarentena. Al principio era una idea, una noción del diseño en mi mente. Era algo que sabía que iba a cambiar aunque no supiese bien cuál sería el resultado final. Vaciar el espacio y sacar todo a la luz, como quien ve su imagen desnuda frente al espejo. Así quedó mi habitación, el lugar de creación y descanso. Poco a poco fueron llegando las cajas con materiales y herramientas. Se veía igual pero distinto, el vacío se llenó de cosas que no llenaban. Las cajas dejarían de contener futuros muebles, en cambio, pasarían a ser contenidas dentro de un gran contenedor a la vuelta de la esquina. Mucho volumen para un sólo día. La paciencia tuvo que ser moldeada con cada plano en chino o tornillo que no entraba. Soledad en el armado. Mi mamá no está aquí los fines de semana y ésos eran precisamente los únicos días con suficiente tiempo ...

Mas o menos bien

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Ese día, dos personas completamente desconocidas hicieron lo mismo. El primero, artista, trata de encontrar el gozo mientras su corazón transita un periodo de deshielo. El segundo, analista, se amolda de a poco a su nuevo barrio de adoquines.  Ambos son extraños. Ninguno sabe bien cómo es el otro. Quizás conozcan sus nombres por oírme hablar pero nada más. A un año de distancia, intentan encontrar su camino en este laberinto que es la vida. Por supuesto que se perderán. De seguro volverán a transitar sendas no resueltas. Pero seguirán avanzando y, en algún momento, serán aquello que siempre supieron que serían. La cuestión de este corto texto es simple: Un día cualquiera, dentro de la infinidad de días, ellos se despertaron e iniciaron su rutina.  En una rutina cualquiera, dentro de la infinidad de rutinas, ellos escucharon música en Spotify. Una canción cualquiera, dentro de la infinidad de canciones, captó su atención. Una conexión neuronal cualquiera,...

Cae el telón

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Acto 1 - En casa -  La media que perdió a su par. La gomita de pelo que se rompe en la tercera vuelta de la colita. Maquillarse los labios antes de lavarse los dientes. Buscar la toalla a tientas mientras se tiene la cara llena de agua y jabón. La manga que se queda en el picaporte.  Acto 2 - En la calle - La baldosa floja. El colectivo que se va. El colectivo que llega lleno. El colectivo vacío que no para atrás del colectivo anterior. El asiento ocupado. La señora mayor que se para al lado del asiento. El frenazo con insulto incluido. Subrayar una página en movimiento. El perro que ladra desde el jardín delantero de la casa. De nuevo la baldosa floja.  Acto 3 - En el trabajo - La huella digital que frena el molinete. El ascensor lleno. La computadora con el aviso de reinicio por actualización de software. - No acto 1 - Esa seguidilla puede darse en cualquiera de mis días, de lunes a viernes, hasta las 10 am. Puede darse y se da. Porque son mu...

Explosiones

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Una explosión sin sentido. Sólo por un recorte de realidad en movimiento, por un detalle que pasaría completamente desapercibido para quien se encuentre fuera del punto de impacto. No puedo confiar en esa onda expansiva, porque no tiene en cuenta ningún tipo de lógica. No registra las ideas por detrás de la imagen. Por ejemplo, que el causante de la bomba camine apresurado delante de mí y nunca a la par. El sentido común y la letra tapan la explosión hasta nuevo aviso. Crecer es entender que, como humanos, somos complejos. Perseguiré la explosión cuando mis anhelos se queden sin respuestas. Realmente no logro llegar a entender cómo podrá alguna vez la razón darse por vencida y ceder fácilmente ante lo sensorial, ante lo que explota de golpe.

Cortos

(uno) Espero es pe ro es pero no es  (dos) Cantaba con una voz rasgada de esas que suenan un tono por encima de la canción. Cantaba como drexler, solo que yo no conocía su música entonces. Ahora, tardía, caigo en la cuenta de que la voz que escucho a diario para conectarme es la que resignifica tu esencia y tu nombre (tres) Sentir peso o ligereza al saltar depende de un anhelo interno e invisible.  En el acto del salto se pone de manifiesto la lucha entre la necesidad de seguridad que nos da la tierra y la incertidumbre atrapante de las nubes. El vértigo es el miedo a despegarse por completo, el punto culmine de aquella disonancia. Quiero desprenderme de lo terrenal y no puedo, miro hacia arriba pero con los pies en el suelo.