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Envío de mariposas

En varios momentos significativos de mi vida aparecieron mariposas. Tengo esos recuerdos coleccionados en la mente como si fueran figuritas de un álbum como los que llenaba cuando estaba en primaria. No les puedo contar esos momentos pero quiero dejar aquí mi último encuentro con ellas.  Sucedió anoche, pero esta vez no se presentaron en un jardín como de costumbre, sino que vinieron a mí en sueños. Ayer soñé que estaba acá en el departamento, era de noche y mirábamos la tele con mamá. Aparté la mirada hacia un lado y me asusté porque vi un insecto largo y " patudo " en la pared. pensé que era una polilla grande. Cuando acerqué el dedo para espantarlo, abrió unas alas de color azul intenso similar a un acrílico. Sus alas tenían una textura ligera que me recordaba al aspecto del papel maché. Era una mariposa. Me incorporé para ir a buscar el móvil y sacarle fotos a este extraño ser, pero al llegar a la puerta de la cocina descubrí que había más. Conforme me detenía a observarl...

Vaciar y desvaciar

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Cambiaron los vientos, cambiaron los tiempos, cambió la normalidad y, por efecto o defecto, yo también cambié. Esta es la historia de un corazón remodelado en cuarentena. Al principio era una idea, una noción del diseño en mi mente. Era algo que sabía que iba a cambiar aunque no supiese bien cuál sería el resultado final. Vaciar el espacio y sacar todo a la luz, como quien ve su imagen desnuda frente al espejo. Así quedó mi habitación, el lugar de creación y descanso. Poco a poco fueron llegando las cajas con materiales y herramientas. Se veía igual pero distinto, el vacío se llenó de cosas que no llenaban. Las cajas dejarían de contener futuros muebles, en cambio, pasarían a ser contenidas dentro de un gran contenedor a la vuelta de la esquina. Mucho volumen para un sólo día. La paciencia tuvo que ser moldeada con cada plano en chino o tornillo que no entraba. Soledad en el armado. Mi mamá no está aquí los fines de semana y ésos eran precisamente los únicos días con suficiente tiempo ...

Mas o menos bien

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Ese día, dos personas completamente desconocidas hicieron lo mismo. El primero, artista, trata de encontrar el gozo mientras su corazón transita un periodo de deshielo. El segundo, analista, se amolda de a poco a su nuevo barrio de adoquines.  Ambos son extraños. Ninguno sabe bien cómo es el otro. Quizás conozcan sus nombres por oírme hablar pero nada más. A un año de distancia, intentan encontrar su camino en este laberinto que es la vida. Por supuesto que se perderán. De seguro volverán a transitar sendas no resueltas. Pero seguirán avanzando y, en algún momento, serán aquello que siempre supieron que serían. La cuestión de este corto texto es simple: Un día cualquiera, dentro de la infinidad de días, ellos se despertaron e iniciaron su rutina.  En una rutina cualquiera, dentro de la infinidad de rutinas, ellos escucharon música en Spotify. Una canción cualquiera, dentro de la infinidad de canciones, captó su atención. Una conexión neuronal cualquiera,...

Malvavisco

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La vertiginosa rueda de actividades estaba fuera de control. El límite de velocidad había sido traspasado hace un largo tiempo. El año que empezó con pilas Duracell necesitaba una pausa y, cuando la mente no da cuenta de ello, el cuerpo se las ingenia para hacer notar su cansancio a quien lo porta. Me cuidé de la gripe, el resfrío y la fiebre. Tapé mi garganta con suaves bufandas y revisé a diario el pronóstico para que nunca faltase el paraguas. De todas formas mi piel se irritó, se quebró, una bacteria se coló de imprevisto y ahora tengo el rostro cual malvavisco. La cara hinchada y dolorida pero también muchas cosas nuevas que aprendí e iré volcando en este sitio con el paso de los días. Estacionada estoy en un periodo de sustituciones necesarias. No quiere decir que haya conseguido adquirirlas e interiorizarlas pero camino hacia eso. Donde antes había maquillaje ahora, por necesidad, hay cara lavada. Más tiempo de calidad que le gana al seguir sumando cantidades. ...

Pedagogías

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"El mejor home office de la vida" - le escribí a mi amigo cuando me ofreció suplantarlo en la secundaria donde yo estudié y él da clases. Después aceptar la propuesta vinieron los nervios. Siempre me gustó enseñar. Estudiar comunicación me aceitó en eso de las pedagogías. Pero lo miedos y las dudas llegan igual, no importa cuán preparada estés. Me tomé la hora del almuerzo para tratar de enseñar algo eterno a treinta y dos chicas y chicos de quince años. No se si conoceré alguna vez el resultado de esa información. En mi carrera aprendí mucho sobre cómo filtramos, cambiamos, cuestionamos, incorporamos o descartamos todo lo que recibimos. Esa semiosis infinita avanza con todo el género humano y nunca se sabe las vueltas que puede dar.  Quizás la enseñanza eterna sea descartada como un chicle temporal que pierde rápidamente su sabor.  Pero existe la posibilidad de que al menos un adolescente de los treinta y dos capte el mensaje detrás de las palabras y ejemplos. Si...

Panic!

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Me subí al tobogán de acontecimientos entrelazados. Luego el asombro de llegar, sin saberlo, a ese lugar donde las casualidades se cruzan. Finalmente detecté el regalo que vino de lo eterno para alegrar una vida sentada a mi lado. Un corazón despertó tarareando una letra que después fue escuchada en el celular para terminar en un breve concierto en vivo mientras se vuela por debajo de la tierra porteña. Esta vez el hilo de señales no fue para mí. Esta vez tuve que aprender a mirar en tercera persona la alegría ajena y entendí algunas cosas: Primero que el gozo se contagia. No pude evitar sonreír y sentirme feliz con esa alegría que no era mía. Fuerte como una luz que se prende fue. Escuché el concierto subterráneo como si estuviesen los de Coldplay enfrente mío. Segundo que el poder de esos momentos está en no esperarlos. Ni tan siquiera planeándolo se hubiese dado de tan buena manera. Me aferraré a esta metáfora para hacerla realidad en mi vida. Y tercero, que todas las ...

Explosiones

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Una explosión sin sentido. Sólo por un recorte de realidad en movimiento, por un detalle que pasaría completamente desapercibido para quien se encuentre fuera del punto de impacto. No puedo confiar en esa onda expansiva, porque no tiene en cuenta ningún tipo de lógica. No registra las ideas por detrás de la imagen. Por ejemplo, que el causante de la bomba camine apresurado delante de mí y nunca a la par. El sentido común y la letra tapan la explosión hasta nuevo aviso. Crecer es entender que, como humanos, somos complejos. Perseguiré la explosión cuando mis anhelos se queden sin respuestas. Realmente no logro llegar a entender cómo podrá alguna vez la razón darse por vencida y ceder fácilmente ante lo sensorial, ante lo que explota de golpe.

Vale de Valentín

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La botella de jugo de manzana en sobre le daba el toque a la escena. Bebía un sorbo cada tanto, cuando se cansaba de mirar fijamente al cuarto de luna creciente más grande que hubiese visto. Brillaba tanto esa luna que hasta podía distinguir las manchas negras de la superficie. Bajo esa lámpara en el cielo fue que decidió acostarse sobre el suelo de su terraza. La campera de pana abrochada hasta el cuello convivía con sus pies descalzos en ese momento tan fuera de tiempo y lugar. Desde que se mudó al piso siete se siente más en las nubes que en suelo. La bajada diaria en el ascensor se convirtió en una bajada a la realidad insuperable de filas y paradigmas, de semáforos y semiosis. Pero hay momentos donde el mismo cielo parecía distanciarse y ante esto ella no se podía despegar del suelo, como hoy. Trató de contar las estrellas y no pudo. Eso le agradó porque  significaba abundancia. Era una señal de saber que no todo es medible o comprensible. Era una señal para aceptar que...

Cortos

(uno) Espero es pe ro es pero no es  (dos) Cantaba con una voz rasgada de esas que suenan un tono por encima de la canción. Cantaba como drexler, solo que yo no conocía su música entonces. Ahora, tardía, caigo en la cuenta de que la voz que escucho a diario para conectarme es la que resignifica tu esencia y tu nombre (tres) Sentir peso o ligereza al saltar depende de un anhelo interno e invisible.  En el acto del salto se pone de manifiesto la lucha entre la necesidad de seguridad que nos da la tierra y la incertidumbre atrapante de las nubes. El vértigo es el miedo a despegarse por completo, el punto culmine de aquella disonancia. Quiero desprenderme de lo terrenal y no puedo, miro hacia arriba pero con los pies en el suelo.