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Mas o menos bien

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Ese día, dos personas completamente desconocidas hicieron lo mismo. El primero, artista, trata de encontrar el gozo mientras su corazón transita un periodo de deshielo. El segundo, analista, se amolda de a poco a su nuevo barrio de adoquines.  Ambos son extraños. Ninguno sabe bien cómo es el otro. Quizás conozcan sus nombres por oírme hablar pero nada más. A un año de distancia, intentan encontrar su camino en este laberinto que es la vida. Por supuesto que se perderán. De seguro volverán a transitar sendas no resueltas. Pero seguirán avanzando y, en algún momento, serán aquello que siempre supieron que serían. La cuestión de este corto texto es simple: Un día cualquiera, dentro de la infinidad de días, ellos se despertaron e iniciaron su rutina.  En una rutina cualquiera, dentro de la infinidad de rutinas, ellos escucharon música en Spotify. Una canción cualquiera, dentro de la infinidad de canciones, captó su atención. Una conexión neuronal cualquiera,...

La figura

Cuando las puertas se abrieron y la goma chirrió, el viento golpeó mi rostro como si jugara a la mancha. Bajé el escalón rápidamente sobre la esquina de Bermúdez y Jonte. Emponchada, como de costumbre, comencé la búsqueda. Pensé que lo encontraría fácilmente pero no fue así. Un vistazo rápido a los alrededores pero nada, ni un mínimo rastro. Paré dos segundos que bastaron para diagramar en mi mente el camino más probable de entre todos los existentes. Listo, tenía la certeza de que por allí sería, así que arranqué a caminar por Jonte hacia el oeste. Mirada al celu. Los mensajes enviados habían salido pero no llegado. Era el momento de concentrarse, de callar los pensamientos que hablan mucho para dedicarme solo a observar. Iba dando pasos llenos de tranquilidad, uno tras otro. Aún no lo había visto pero tenía paz porque sabía que vendría. Una calle más. Apreciar el rosa anaranjado del cielo. Otra calle más. Esquivar al niño en bicicleta. Otra calle más. Ahí lo vi. Se acercaba...

Palabras y ruidos delicados

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Una mujer africana, un elefante gris y un tigre de Bengala me están mirando. Entre ellos menos de un metro de distancia. De ellos hacia mí un metro aproximadamente. Gusto a chocolate y café de caramelo. Buzo en esta Argentina que se viste de exotismo.  "If you find him, tell him that I love him" suena en mis oídos. Por fuera un ruido ineludible. Solo quedan junto a mi dos individuos en el espacio compartido con los tres personajes principales. Como si correspondiesen uno para cada uno. Claramente elijo al tigre de Bengala porque fue el primero que yo vi que me vio. "Grace fills the atmosphere" mientras sólo veo suciedad. "Put all my heart to you" mientras una chica agarra el vaso que se le cayó al suelo. "Thank you" mientras algunos se van. " I know you are with me" mientras tecleo solitaria. "You will never leave me" mientras el chico con quien comparto mesa se suena los mocos. "You don`t miss a thing...

Panic!

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Me subí al tobogán de acontecimientos entrelazados. Luego el asombro de llegar, sin saberlo, a ese lugar donde las casualidades se cruzan. Finalmente detecté el regalo que vino de lo eterno para alegrar una vida sentada a mi lado. Un corazón despertó tarareando una letra que después fue escuchada en el celular para terminar en un breve concierto en vivo mientras se vuela por debajo de la tierra porteña. Esta vez el hilo de señales no fue para mí. Esta vez tuve que aprender a mirar en tercera persona la alegría ajena y entendí algunas cosas: Primero que el gozo se contagia. No pude evitar sonreír y sentirme feliz con esa alegría que no era mía. Fuerte como una luz que se prende fue. Escuché el concierto subterráneo como si estuviesen los de Coldplay enfrente mío. Segundo que el poder de esos momentos está en no esperarlos. Ni tan siquiera planeándolo se hubiese dado de tan buena manera. Me aferraré a esta metáfora para hacerla realidad en mi vida. Y tercero, que todas las ...

Explosiones

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Una explosión sin sentido. Sólo por un recorte de realidad en movimiento, por un detalle que pasaría completamente desapercibido para quien se encuentre fuera del punto de impacto. No puedo confiar en esa onda expansiva, porque no tiene en cuenta ningún tipo de lógica. No registra las ideas por detrás de la imagen. Por ejemplo, que el causante de la bomba camine apresurado delante de mí y nunca a la par. El sentido común y la letra tapan la explosión hasta nuevo aviso. Crecer es entender que, como humanos, somos complejos. Perseguiré la explosión cuando mis anhelos se queden sin respuestas. Realmente no logro llegar a entender cómo podrá alguna vez la razón darse por vencida y ceder fácilmente ante lo sensorial, ante lo que explota de golpe.

Veredas amarillas

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Domingo por la tarde en Chacarita. Bajé del colectivo como quien se deja caer en un tobogán hacia su próximo destino. En la esquina del Imperio había un hombre tratando de subir el pequeño escalón amarillo que lo separaba de caminar sobre la vereda. Miraba fijamente ese cordón como si de una gran muralla se tratase. Y yo, desde mi andar, lo miraba fijamente a él como si me llamara a gritos mudos. Me acerqué y en lo que desde afuera pudo sentirse como un minuto fugaz, viví un encuentro que me descolocó por completo. Me paré a su lado. Igual que él, con el inmenso y pequeño escalón delante: - ¿Necesita ayuda? - Un poquito - respondió él. Extendí el brazo y rodeé su cintura. Él, por su parte, tomó mi brazo con firmeza. De a poquito movió sus piernas. Pude ver en su rostro el dolor que eso le producía. Finalmente pudo subir a la vereda. Agradeció y seguí mi camino. A la cuadra pensé que colgué en preguntarle su nombre o ayudarlo quizás con comida o un remedio. También recordé el...