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Mostrando las entradas etiquetadas como casa

Blanco

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Si tuviera que congelar un momento que se repite de forma intermitente a lo largo de los años, elegiría las mañanas de días grises pero que en realidad son blancos. Afuera el frío pero en casa estoy calentita. Tengo la bata, la manta y el almohadón en la silla. Estoy leyendo o redactando contenido mientras tomo mate cocido. Miro hacia la ventana y entrecierro los ojos porque es de día y hay claridad. Las nubes tapan el amarillo del sol y hacen que todo lo que queda debajo se vea blanquecino. Veo cómo se mueven los árboles y desde aquí puedo adivinar su sonido. A lo lejos, como siempre, se oye alguna moto pasar y después las ruedas de los autos sobre el asfalto. Ladra algún perro vecino y las hojas se acercan a mi balcón atraídas por el viento. Acá adentro música tranquila, de esas acústicas con guitarra, piano y pandereta. Algún grupo desconocido que haga worship bonita. Canciones que pocos conocen. El celular apagado porque interrumpe y el sonido de las teclas hundirse coexiste con la...

Vaciar y desvaciar

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Cambiaron los vientos, cambiaron los tiempos, cambió la normalidad y, por efecto o defecto, yo también cambié. Esta es la historia de un corazón remodelado en cuarentena. Al principio era una idea, una noción del diseño en mi mente. Era algo que sabía que iba a cambiar aunque no supiese bien cuál sería el resultado final. Vaciar el espacio y sacar todo a la luz, como quien ve su imagen desnuda frente al espejo. Así quedó mi habitación, el lugar de creación y descanso. Poco a poco fueron llegando las cajas con materiales y herramientas. Se veía igual pero distinto, el vacío se llenó de cosas que no llenaban. Las cajas dejarían de contener futuros muebles, en cambio, pasarían a ser contenidas dentro de un gran contenedor a la vuelta de la esquina. Mucho volumen para un sólo día. La paciencia tuvo que ser moldeada con cada plano en chino o tornillo que no entraba. Soledad en el armado. Mi mamá no está aquí los fines de semana y ésos eran precisamente los únicos días con suficiente tiempo ...

Legado de hierro

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Poema parte 1 Poema parte 2 (*El chico que lee es Martiño Rivas, un actor español. Está "falando" poesía en gallego, su idioma natal.) El idioma oficial de España es el Español o Castellano, dentro del mismo país conviven otros tres idiomas: Euskera, Gallego y Catalán. Digo idiomas y no dialectos porque no se tratan de una derivación de la lengua oficial, sino que directamente provienen del latín romance al igual que el Español (a excepción del Euskera, cuya raíz se desconoce por ser tan antigua). Son idiomas pares, con abecedario completo, con reglas de sintaxis, acentuación y puntuación propias así como historias propias. Uno de esos idiomas pares abrazó a mis abuelos en Galicia. Hombres y mujeres de campo en Orense. Herreros con carácter de hierro, generación tras generación, escucharon a las personas del pueblo hablarles más en gallego que en español. Grandes bailadores de "jota" y amantes del pescado, no conocían mejor medicina que una buena cazuela...

Cae el telón

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Acto 1 - En casa -  La media que perdió a su par. La gomita de pelo que se rompe en la tercera vuelta de la colita. Maquillarse los labios antes de lavarse los dientes. Buscar la toalla a tientas mientras se tiene la cara llena de agua y jabón. La manga que se queda en el picaporte.  Acto 2 - En la calle - La baldosa floja. El colectivo que se va. El colectivo que llega lleno. El colectivo vacío que no para atrás del colectivo anterior. El asiento ocupado. La señora mayor que se para al lado del asiento. El frenazo con insulto incluido. Subrayar una página en movimiento. El perro que ladra desde el jardín delantero de la casa. De nuevo la baldosa floja.  Acto 3 - En el trabajo - La huella digital que frena el molinete. El ascensor lleno. La computadora con el aviso de reinicio por actualización de software. - No acto 1 - Esa seguidilla puede darse en cualquiera de mis días, de lunes a viernes, hasta las 10 am. Puede darse y se da. Porque son mu...

Muebles

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La casa vacía que promete lo que no tiene. El amueblamiento convierte un lugar cualquiera en un lugar con pronombre posesivo. Mi, tu, su, nuestro, vuestro, suyo.  Cada modificación representa un fragmento del interior de quien amuebla. Diseñarse en una casa, formar un hogar con lo diseñado y vivir diseñando son etapas de un mismo proceso: hallarse.  Por eso los muevo, los pinto, los vendo y compro otros. Porque nunca termino de cambiar. El cambio ya forma parte de mi esencia, tenga o no un río al cual meterme. Negar esto es cansarse de diseñar, es dejar de aprender aunque queden hojas en blanco esperando ser escritas. Asimilar el cambio constante da miedo, pero las posibilidades de mejora son infinitas. Si no te gusta cómo quedó un mueble lo cambias por otro. Si no te gusta algo de tu "casa" actual siempre vas a poder trabajarlo. Está bueno empezar de cero. Está bueno vaciar la casa para llenarla sabiamente. Saber qué entra y quién entra. Elegir las visitas...