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Mostrando las entradas etiquetadas como para mí

Trencada

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¿Qué hay acá adentro? Hay esperanza mezclada con recelos. Hay demasiados recuerdos. Oigo al mar romper contra las piedras escarpadas de la distancia. Cuando las cosas se acercan siempre se allanan. Vive en mí una gran necesidad de que se allanen de nuevo los caminos que me conducían hacia tus orillas. Que vuelvas a ser la desembocadura de mis andares. El final de mi peregrinación. La consolidación del aroma en el ambiente. El lugar hacia donde me dirijo por fuerza natural y gravitacional. Te echo tanto de menos, mar mío. Hoy habitas en un recoveco de mi memoria. Es esa habitación donde sólo puedo entrar descalza, sin hacer casi ruido y cerrando la puerta al ingresar.  ¿Quién te siente como yo? ¿Quién más puede decir, en este hemisferio del mundo, que disfrutó tus madrugadas con amigos?  Quiero irme de un lugar que no quiere que me vaya. ¿Qué habrá acá adentro? No me puedo despegar de esta ciudad furiosa. Ni siquiera comparto con ella el inconsciente colectivo que todos juran r...

Repito

Un día lleno de caos, de miedos y de nervios. Una semana importante en el trabajo con una misión concreta que salió mal. Tropecé con la piedra que juré apartar, la del silencio, la de querer poder con todo. Lo encargado era literalmente para ayer. No llegué. Se me escapó el tiempo entre las manos. Siento que una parte de mí lo sabía porque al despertarme en la mañana, escribí en un cuaderno "Ayer soñé con un recuerdo. Es raro soñar una escena que se recuerda y no quitarle ni sumarle nada. Además, no es de mis preferidos" .  En esta especie de sueño, me recordé con trece años en primera persona. Transitaba el primer año de la secundaria con un esguince en el tobillo. Debido al impedimento físico, caminaba apoyada en una muleta ortopédica con mangas de plástico blanco. El momento es corto, y dice así: Estoy por salir del colegio junto con el resto de alumnos del secundario. Como bajé lento las escaleras, mis amigos se adelantaron. Me duele el pie, me pesa el brazo, pero sigo el...

Yo tenía diecisiete

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Encontré un texto antiguo que quiero compartir. Me movilizó la fuerza que sentí al leerlo. Es como si cada una de las palabras respirara potencia, pero entiendo que es así como se sienten los textos que fueron creados en medios del caos. Durante el año más movido de mi vida quise gritar y no me animé. Ya ni recuerdo hacia quién escribía. Todo quedó guardado como un grito encajonado. Leámoslo juntos y escuchémoslo rugir: Quiero compartir todo lo que pienso. Las premoniciones y las palabras. Las noticias olvidadas. El querer cambiar la mentira más grande del mundo. Compartir lo poemas de colectivo, los colores de las nubes  y los ángulos perfectos para ser capturados por una cámara. Las preguntas existenciales y las respuestas esenciales. La sensación de eternidad en una mano levantada. La vulnerabilidad dentro de una ola de mar, la sabiduría del cielo y saber mirar. Para que seas la simpleza de mi enredadera, con ese color azul sereno que te caracteriza y que me hace acordar a la br...

Hay otro río

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El viento sopla y tambalea la barca con un ligero vaivén.  Cuando logro estabilizarla, clavo el remo en el agua y continúo con la travesía. Hay una voz que me dice que pelee por lo que soy. Es difícil callarla, porque no me deja tranquila. Se asemeja a un vértigo en la boca del estómago y me incita a escribir libros, diseñar proyectos, enseñar en cátedras sociales de universidades y comunicar vida desde lo particular al mundo. Existe, por otro lado, una corriente turbulenta que fluye y sentencia los tiempos de las naciones. Todos nos movemos tratando de dominar sus aguas. En su centro convergen las empresas, la proyección financiera, los cuidados básicos y materiales y, por sobre todo, el tiempo.  Muchos consiguen navegar por aquí hasta llevar lo que tienen a buen término. Algunos van en lancha o en velero; dicen que hay unos pocos cruceros, pero lo que más abundan son las pateras. Los que llegan al final del recorrido pasan sus materiales a quienes les siguen. Éstos últimos t...

Mensajes desde lejos.

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Era una mañana nublada y blanca, como todas las de esta semana. Desperté cinco minutos antes de la llamada, pero logré peinarme y conectarme a tiempo. Marce nos leyó unas frases. Supe enseguida cuál de todas ellas iban para mí, así que la anoté y la guardé para desmenuzarla acá, en vivo, con vos y con todos. Howard Hendricks dijo: “Una creencia es algo de lo cual argumentarás, una convicción es algo por lo cual morirás.” Todo lo que aprendí, lo que me dejaste por escrito, ¿es para mí una creencia sobre la que puedo argumentar o una convicción por la que puedo morir?  La respuesta vino a mi mente antes de terminar de leer la pregunta. Me encuentro presa de la argumentación sobre lo que digo que creo. Doy vueltas sobre las ideas, llamando revelación a la comprensión lógica de algo nuevo que se esconde entre el texto. Pareciera que mi razón de ser fuera la hermenéutica sin la exégesis y me conformo con mirar a la teorización a la cara todos los días. Alzo la mano al cielo con el fin ...

Blanco

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Si tuviera que congelar un momento que se repite de forma intermitente a lo largo de los años, elegiría las mañanas de días grises pero que en realidad son blancos. Afuera el frío pero en casa estoy calentita. Tengo la bata, la manta y el almohadón en la silla. Estoy leyendo o redactando contenido mientras tomo mate cocido. Miro hacia la ventana y entrecierro los ojos porque es de día y hay claridad. Las nubes tapan el amarillo del sol y hacen que todo lo que queda debajo se vea blanquecino. Veo cómo se mueven los árboles y desde aquí puedo adivinar su sonido. A lo lejos, como siempre, se oye alguna moto pasar y después las ruedas de los autos sobre el asfalto. Ladra algún perro vecino y las hojas se acercan a mi balcón atraídas por el viento. Acá adentro música tranquila, de esas acústicas con guitarra, piano y pandereta. Algún grupo desconocido que haga worship bonita. Canciones que pocos conocen. El celular apagado porque interrumpe y el sonido de las teclas hundirse coexiste con la...

Vaciar y desvaciar

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Cambiaron los vientos, cambiaron los tiempos, cambió la normalidad y, por efecto o defecto, yo también cambié. Esta es la historia de un corazón remodelado en cuarentena. Al principio era una idea, una noción del diseño en mi mente. Era algo que sabía que iba a cambiar aunque no supiese bien cuál sería el resultado final. Vaciar el espacio y sacar todo a la luz, como quien ve su imagen desnuda frente al espejo. Así quedó mi habitación, el lugar de creación y descanso. Poco a poco fueron llegando las cajas con materiales y herramientas. Se veía igual pero distinto, el vacío se llenó de cosas que no llenaban. Las cajas dejarían de contener futuros muebles, en cambio, pasarían a ser contenidas dentro de un gran contenedor a la vuelta de la esquina. Mucho volumen para un sólo día. La paciencia tuvo que ser moldeada con cada plano en chino o tornillo que no entraba. Soledad en el armado. Mi mamá no está aquí los fines de semana y ésos eran precisamente los únicos días con suficiente tiempo ...

Las mujeres que soy

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Hace poco fue mi cumpleaños. Recibí regalos y textos a pesar del distanciamiento social en el que estamos inmersos. Entre esos textos habían cosas que se repetían como "Sos una gran mujer", "una mujer ejemplar", "una mujer de Dios". Y yo como OSTIE LO QUE FLIPAN. Es demasiado. En ese asombro decidí parar a pensar y y preguntarme, ¿soy eso? Mi respuesta fue - Sí, por supuesto que lo soy. Soy eso pero también soy más cosas. - Soy la que prefiere los desayunos y meriendas antes que los almuerzos y cenas. Soy la sueña y canta en otro idioma. Soy la que llora de impotencia ante cada trabajo práctico pero también, la que después lo aprueba con sobresaliente. Soy la que le habla duro a sus papás, pero después se arrepiente. Soy la que siempre baja del bondi con el libro en la mano Soy la que sueña y anhela dejarle algo eterno al mundo antes de perderse entre las estrellas. Soy la hija del que hizo esas estrellas. La que duerme de costado porque bo...

Mas o menos bien

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Ese día, dos personas completamente desconocidas hicieron lo mismo. El primero, artista, trata de encontrar el gozo mientras su corazón transita un periodo de deshielo. El segundo, analista, se amolda de a poco a su nuevo barrio de adoquines.  Ambos son extraños. Ninguno sabe bien cómo es el otro. Quizás conozcan sus nombres por oírme hablar pero nada más. A un año de distancia, intentan encontrar su camino en este laberinto que es la vida. Por supuesto que se perderán. De seguro volverán a transitar sendas no resueltas. Pero seguirán avanzando y, en algún momento, serán aquello que siempre supieron que serían. La cuestión de este corto texto es simple: Un día cualquiera, dentro de la infinidad de días, ellos se despertaron e iniciaron su rutina.  En una rutina cualquiera, dentro de la infinidad de rutinas, ellos escucharon música en Spotify. Una canción cualquiera, dentro de la infinidad de canciones, captó su atención. Una conexión neuronal cualquiera,...

La figura

Cuando las puertas se abrieron y la goma chirrió, el viento golpeó mi rostro como si jugara a la mancha. Bajé el escalón rápidamente sobre la esquina de Bermúdez y Jonte. Emponchada, como de costumbre, comencé la búsqueda. Pensé que lo encontraría fácilmente pero no fue así. Un vistazo rápido a los alrededores pero nada, ni un mínimo rastro. Paré dos segundos que bastaron para diagramar en mi mente el camino más probable de entre todos los existentes. Listo, tenía la certeza de que por allí sería, así que arranqué a caminar por Jonte hacia el oeste. Mirada al celu. Los mensajes enviados habían salido pero no llegado. Era el momento de concentrarse, de callar los pensamientos que hablan mucho para dedicarme solo a observar. Iba dando pasos llenos de tranquilidad, uno tras otro. Aún no lo había visto pero tenía paz porque sabía que vendría. Una calle más. Apreciar el rosa anaranjado del cielo. Otra calle más. Esquivar al niño en bicicleta. Otra calle más. Ahí lo vi. Se acercaba...

Palabras y ruidos delicados

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Una mujer africana, un elefante gris y un tigre de Bengala me están mirando. Entre ellos menos de un metro de distancia. De ellos hacia mí un metro aproximadamente. Gusto a chocolate y café de caramelo. Buzo en esta Argentina que se viste de exotismo.  "If you find him, tell him that I love him" suena en mis oídos. Por fuera un ruido ineludible. Solo quedan junto a mi dos individuos en el espacio compartido con los tres personajes principales. Como si correspondiesen uno para cada uno. Claramente elijo al tigre de Bengala porque fue el primero que yo vi que me vio. "Grace fills the atmosphere" mientras sólo veo suciedad. "Put all my heart to you" mientras una chica agarra el vaso que se le cayó al suelo. "Thank you" mientras algunos se van. " I know you are with me" mientras tecleo solitaria. "You will never leave me" mientras el chico con quien comparto mesa se suena los mocos. "You don`t miss a thing...

Malvavisco

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La vertiginosa rueda de actividades estaba fuera de control. El límite de velocidad había sido traspasado hace un largo tiempo. El año que empezó con pilas Duracell necesitaba una pausa y, cuando la mente no da cuenta de ello, el cuerpo se las ingenia para hacer notar su cansancio a quien lo porta. Me cuidé de la gripe, el resfrío y la fiebre. Tapé mi garganta con suaves bufandas y revisé a diario el pronóstico para que nunca faltase el paraguas. De todas formas mi piel se irritó, se quebró, una bacteria se coló de imprevisto y ahora tengo el rostro cual malvavisco. La cara hinchada y dolorida pero también muchas cosas nuevas que aprendí e iré volcando en este sitio con el paso de los días. Estacionada estoy en un periodo de sustituciones necesarias. No quiere decir que haya conseguido adquirirlas e interiorizarlas pero camino hacia eso. Donde antes había maquillaje ahora, por necesidad, hay cara lavada. Más tiempo de calidad que le gana al seguir sumando cantidades. ...

Café 1933

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Dejo sobre la mesa una copa de zumo de naranja. El momento parecería mucho más de película si tuviese una copa de vino pero creo que nunca conseguiré agarrarle el gusto. Al rededor mío mucha gente. A simple vista puedo contar unas treinta. En esta mesa yo. A mi derecha dos amigas y a mi izquierda un chico muy resfriado que me pregunta por la clave de Wi-fi y le digo que es "Cafe1933". La calma aparente en el café contrasta con la indecisión hecha carne en mí. Me relaja mentalmente estar vestida en conjunto con el lugar. Outfit negro y piel morena. El ambiente, ya les digo, paredes negras, luces cálidas, suelo blanco y mesas de madera. Miro mis manos y las veo sudorosas. Una vez aprendí que todo lo que no decimos sale y se expresa de alguna forma. Todo sale a la luz para desarmarse y volverse a armar como algo comprensible. Para entender lo que pensamos o sentimos hay que separarlo y analizarlo. Y claro, para hacer todo eso también hay que afrontar las emociones y las ...

Panic!

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Me subí al tobogán de acontecimientos entrelazados. Luego el asombro de llegar, sin saberlo, a ese lugar donde las casualidades se cruzan. Finalmente detecté el regalo que vino de lo eterno para alegrar una vida sentada a mi lado. Un corazón despertó tarareando una letra que después fue escuchada en el celular para terminar en un breve concierto en vivo mientras se vuela por debajo de la tierra porteña. Esta vez el hilo de señales no fue para mí. Esta vez tuve que aprender a mirar en tercera persona la alegría ajena y entendí algunas cosas: Primero que el gozo se contagia. No pude evitar sonreír y sentirme feliz con esa alegría que no era mía. Fuerte como una luz que se prende fue. Escuché el concierto subterráneo como si estuviesen los de Coldplay enfrente mío. Segundo que el poder de esos momentos está en no esperarlos. Ni tan siquiera planeándolo se hubiese dado de tan buena manera. Me aferraré a esta metáfora para hacerla realidad en mi vida. Y tercero, que todas las ...

Explosiones

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Una explosión sin sentido. Sólo por un recorte de realidad en movimiento, por un detalle que pasaría completamente desapercibido para quien se encuentre fuera del punto de impacto. No puedo confiar en esa onda expansiva, porque no tiene en cuenta ningún tipo de lógica. No registra las ideas por detrás de la imagen. Por ejemplo, que el causante de la bomba camine apresurado delante de mí y nunca a la par. El sentido común y la letra tapan la explosión hasta nuevo aviso. Crecer es entender que, como humanos, somos complejos. Perseguiré la explosión cuando mis anhelos se queden sin respuestas. Realmente no logro llegar a entender cómo podrá alguna vez la razón darse por vencida y ceder fácilmente ante lo sensorial, ante lo que explota de golpe.

Herramienta delatora

Puedo ver, desde mi widget, cómo buscas rápidamente algo nuevo que te emocione. Esa ansia por descubrir nuevos temas con aire viejo. Puedo ver, desde mi widget, un cachito de vos.

Vale de Valentín

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La botella de jugo de manzana en sobre le daba el toque a la escena. Bebía un sorbo cada tanto, cuando se cansaba de mirar fijamente al cuarto de luna creciente más grande que hubiese visto. Brillaba tanto esa luna que hasta podía distinguir las manchas negras de la superficie. Bajo esa lámpara en el cielo fue que decidió acostarse sobre el suelo de su terraza. La campera de pana abrochada hasta el cuello convivía con sus pies descalzos en ese momento tan fuera de tiempo y lugar. Desde que se mudó al piso siete se siente más en las nubes que en suelo. La bajada diaria en el ascensor se convirtió en una bajada a la realidad insuperable de filas y paradigmas, de semáforos y semiosis. Pero hay momentos donde el mismo cielo parecía distanciarse y ante esto ella no se podía despegar del suelo, como hoy. Trató de contar las estrellas y no pudo. Eso le agradó porque  significaba abundancia. Era una señal de saber que no todo es medible o comprensible. Era una señal para aceptar que...

Muebles

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La casa vacía que promete lo que no tiene. El amueblamiento convierte un lugar cualquiera en un lugar con pronombre posesivo. Mi, tu, su, nuestro, vuestro, suyo.  Cada modificación representa un fragmento del interior de quien amuebla. Diseñarse en una casa, formar un hogar con lo diseñado y vivir diseñando son etapas de un mismo proceso: hallarse.  Por eso los muevo, los pinto, los vendo y compro otros. Porque nunca termino de cambiar. El cambio ya forma parte de mi esencia, tenga o no un río al cual meterme. Negar esto es cansarse de diseñar, es dejar de aprender aunque queden hojas en blanco esperando ser escritas. Asimilar el cambio constante da miedo, pero las posibilidades de mejora son infinitas. Si no te gusta cómo quedó un mueble lo cambias por otro. Si no te gusta algo de tu "casa" actual siempre vas a poder trabajarlo. Está bueno empezar de cero. Está bueno vaciar la casa para llenarla sabiamente. Saber qué entra y quién entra. Elegir las visitas...