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Malvavisco

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La vertiginosa rueda de actividades estaba fuera de control. El límite de velocidad había sido traspasado hace un largo tiempo. El año que empezó con pilas Duracell necesitaba una pausa y, cuando la mente no da cuenta de ello, el cuerpo se las ingenia para hacer notar su cansancio a quien lo porta. Me cuidé de la gripe, el resfrío y la fiebre. Tapé mi garganta con suaves bufandas y revisé a diario el pronóstico para que nunca faltase el paraguas. De todas formas mi piel se irritó, se quebró, una bacteria se coló de imprevisto y ahora tengo el rostro cual malvavisco. La cara hinchada y dolorida pero también muchas cosas nuevas que aprendí e iré volcando en este sitio con el paso de los días. Estacionada estoy en un periodo de sustituciones necesarias. No quiere decir que haya conseguido adquirirlas e interiorizarlas pero camino hacia eso. Donde antes había maquillaje ahora, por necesidad, hay cara lavada. Más tiempo de calidad que le gana al seguir sumando cantidades. ...

Pedagogías

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"El mejor home office de la vida" - le escribí a mi amigo cuando me ofreció suplantarlo en la secundaria donde yo estudié y él da clases. Después aceptar la propuesta vinieron los nervios. Siempre me gustó enseñar. Estudiar comunicación me aceitó en eso de las pedagogías. Pero lo miedos y las dudas llegan igual, no importa cuán preparada estés. Me tomé la hora del almuerzo para tratar de enseñar algo eterno a treinta y dos chicas y chicos de quince años. No se si conoceré alguna vez el resultado de esa información. En mi carrera aprendí mucho sobre cómo filtramos, cambiamos, cuestionamos, incorporamos o descartamos todo lo que recibimos. Esa semiosis infinita avanza con todo el género humano y nunca se sabe las vueltas que puede dar.  Quizás la enseñanza eterna sea descartada como un chicle temporal que pierde rápidamente su sabor.  Pero existe la posibilidad de que al menos un adolescente de los treinta y dos capte el mensaje detrás de las palabras y ejemplos. Si...

Panic!

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Me subí al tobogán de acontecimientos entrelazados. Luego el asombro de llegar, sin saberlo, a ese lugar donde las casualidades se cruzan. Finalmente detecté el regalo que vino de lo eterno para alegrar una vida sentada a mi lado. Un corazón despertó tarareando una letra que después fue escuchada en el celular para terminar en un breve concierto en vivo mientras se vuela por debajo de la tierra porteña. Esta vez el hilo de señales no fue para mí. Esta vez tuve que aprender a mirar en tercera persona la alegría ajena y entendí algunas cosas: Primero que el gozo se contagia. No pude evitar sonreír y sentirme feliz con esa alegría que no era mía. Fuerte como una luz que se prende fue. Escuché el concierto subterráneo como si estuviesen los de Coldplay enfrente mío. Segundo que el poder de esos momentos está en no esperarlos. Ni tan siquiera planeándolo se hubiese dado de tan buena manera. Me aferraré a esta metáfora para hacerla realidad en mi vida. Y tercero, que todas las ...

Océanos

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El viento de frente mientras se camina, el aroma salado que entra en la nariz, el pelo que comienza a revolotearse con el viento y un suspiro que termina en sonrisa. Ahí está, tan grande y soñado. Tan suyo y a la vez tan lejano. Amigo y enemigo a la vez. Tan grande que si miras al final se fusiona con el cielo porque lo llena todo. La llama y le dice con cariño "Venís? Dale, entra un rato y quédate para siempre en mi ritmo" Los pies que tocan la arena caliente y luego, más adelante, la fría. Los pies que juegan a esconderse y aparecer con el ir y venir de las olas. Cuando lo que se sentía frío se torna cálido y el tiempo parece detenerse ella encuentra infinitud. Nada pesa. Todo lo que en la rutina era grande como un mundo ahora es tan pequeño que ya se lo llevó la anterior ola que pasó. Ella se recuerda dejando su paso caer para luego emerger tan liviana que flota. Ahora es parte de la marea. Es un cachito del inmenso mar y por más que se aleje siempre distinguirá su v...